En la antigüedad, el fin de las joyas no sólo era para embellecerse, se usaban como poder de atracción, sanación, amuleto y protección.
Conocedores de su fuerza y poder, trataban a piedras y cristales con amor y respeto y, cómo una verdadera fuente de sabiduría y sanación las engarzaban en plata y oro, en representación de la Luna y el Sol para potenciar y hacer más efectivas sus propiedades.

En la edad moderna, la sociedad de consumo nos ha ido alineado a lo largo de los años para que compremos de manera inconsciente cantidades ingentes de bisutería y abalorios de mala calidad.

Abducidos por su bajo precio han conseguido en poco tiempo que sustituyamos las piedras naturales y sus maravillosas propiedades que nos cuidaban y protegían el cuerpo por trozos de plásticos que contaminan el planeta y nuestras vidas.

Las sociedades capitalistas, en su voraz afán de consumo se han encargado cómo en muchos otros asuntos, de desacreditar, desprestigiar y acallar voces que defienden las propiedades mágicas y curativas de las piedras y los cristales naturales.

Y lo que es aún peor, nos han arrebatado el conocimiento de un poder natural que nos regala la Tierra.

Nos han quitado impunemente con falsos brillos y oropeles la capacidad de comunicarnos, protegernos, empoderarnos y sanarnos con gemas y cristales que generosamente nos regala la naturaleza para cada dolencia.

Es por lo que es tan importante mantener una conciencia plena de todo lo que nos rodea, hacemos, decimos o compramos.

Tenemos que mirar siempre más allá de lo que nos cuentan. La mayoría de las veces nos dejamos llevar por dejadez, apatía o indiferencia sin saber que, desde nuestra inconsciencia anulamos nuestra fuerza y poder.

Las piedras de los pendientes son de cuarzo rosa. La piedra del amor incondicional y la paz infinita. Es el mineral más importante para el chacra del corazón. Facilita el perdón, libera las penas, alivia el dolor emocional y te otorga pensamientos limpios y puros.

Mientras sigamos dormidos no cesarán los engaños. Es tiempo de recordar lo que fuimos. Es tiempo de despertar.

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