Le damos la bienvenida a Diciembre conscientes de que su poderosa energía nos ofrece hacer balance de todo el año vivido.

Sus largas tardes nos invita a la reflexión regalándonos un tiempo para recuperar o realizar lo que se nos quedó pendiente.

Es tiempo de reencuentro con los demás y con nosotr@s mism@s. De despedidas y amorosos perdones. De alargar las sobremesas y compartir amenas conversaciones. De retomar viejas ilusiones y de recuperar nuestr@ niñ@ interior.

Diciembre nos da la oportunidad de comprender que ha llegado el momento de soltar la mente y volver al corazón.

Agradeciendo sus días damos paso a nuevos propósitos. Ilusionad@s y confiad@s, recibimos con amor todas sus bendiciones.

Diciembre nos brinda durante veintiun día la posibilidad de limpiar y purificar nuestros templos: la casa y el cuerpo.

Los días se acortan y nos permite que nos permite dormir más. El frío nos invita a tomar calientes y aromáticas infusiones de té, canela, jengibre y miel, haciendo que nos depuremos y dexintosiquemos.

Es tiempo de agradecer y recapitular y, al igual que los árboles se desprenden de sus hojas, nosotros haremos lo mismo con todo lo que ya pasó y no tiene sentido que siga en nuestras vidas.

Diciembre es un mes para montar un pequeño altar, haciendo de ese rincón un lugar especial. Con los frutos y las hojas que la naturaleza nos da, encenderemos alrededor velas para que sea nuestra reseña de luz a las nuevas sendas que han de abrirse en nuestro caminar.

Marcando un nuevo ciclo, la Tierra, cómo madre de todas los reinos se celebra también el día más corto del año, hasta que de nuevo el Sol comience a estar cada vez más presente.

Y, cómo la araña tejedora, iremos tejiendo con amor, nuestros nuevos planes y proyectos. Para cuando llegue el Solsticio de invierno, con la satisfacción del trabajo bien hecho, podamos disfrutar de una dulce espera los nuevos y recién nacidos acontecimientos.

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