Los que me conocéis ya lo sabéis y, para los que me leen por primera vez, deciros que me encanta cocinar con los frutos de temporada, y que os invito a que hagáis lo mismo.

La Tierra nos quiere y sabe lo que necesitamos en cada estación. Por lo tanto es mucho mejor y más sano dejarnos cuidar por ella, respetando sus ciclos y dejando que todo madure de forma natural.

Por nuestra parte procuraremos comprar en los mercados tradicionales. Es mucho más saludable ir a las tiendas de nuestro barrio, los alimentos no están tan manipulados, los recorridos de los mismos son más cortos y por lo tanto contaminan menos. Con nuestras compras colaboramos y ayudamos a un incipiente mercado de nuevos agricultores que están haciendo verdaderos esfuerzos por sacar a adelante productos sanos para nuestro cuerpo.

Siendo conscientes de que, somos responsables de mantener limpios nuestros bosques, mares y océanos, es vital a la hora de comprar evitar los envoltorios de plásticos.

Por último, recordaros que, antes de elaborar cualquier comida, es muy importante agradecer, bendecir y honrar todos los alimentos que vayamos a preparar. Y por supuesto, hacerlo todo y siempre con mucho amor.

Una vez más nos visita el otoño y con él, el aprendizaje del desapego. Llenos de confianza nos entregamos a una nueva estación con la certeza de que todo tiene un principio y un fin.

Sin miedo a la carencia y abriendo nuevos espacios, nos despojamos con amor de lo que ya pasó.

Convencidos de que nuevas hojas renacerán en nuestras vidas y nuevos frutos nos alimentarán el cuerpo y el alma, tomaremos conciencia de que para nuestro crecimiento interior es necesario un tiempo de maduración.

Es por lo que el otoño nos ofrece esa preparación en la que poder convertir nuestro hogar en un espacio amable y confortable donde disfrutar de nuestros seres queridos y de nuestra propia soledad.

Para ello, los frutos cómo las moras y las frambuesas rojas y negras nos animan a pasear por los bosques en plena comunión con la naturaleza.

Al igual que las setas, tras las primeras lluvias nos llaman a caminar en un estado de reflexivo bienestar.

Dando por bueno el tiempo pasado, recibimos las jugosas manzanas y los membrillos, las castañas, las nueces y los higos, todos se ofrecen junto con los clavos de olor y la canela en rama a ser preparados en compotas o dulces asados.

Y cómo muestra de confianza, la Madre Tierra nos ofrecerá un año más, las generosas cosechas para demostrarnos la abundancia e infinitud que la vida nos regala.

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